El tiempo transcurrió. Día a día iban pasando los meses y los años. En menos de lo que uno podría darse cuenta, habían pasado siete años. El ataúd de Roger se ubicaba justo al lado derecho del de Violeta. Constantemente los familiares de ambos iban a visitar sus nichos respectivos. Todos habían hecho nuevamente sus vidas a partir del suceso, pero jamás los habían olvidado. Marilia se daba un tiempo para ellos, luego de dictar las clases en el colegio “Liceo Trujillo”, donde ella laboraba como profesora de comunicación. Así es, había logrado su sueño de ser maestra en su propia escuela secundaria. Cada vez que le tocaba dar clases a los alumnos de primer año, sentía un poco de nostalgia el haber perdido a sus dos compañeros. Contaba la historia a sus alumnos, quienes casi no tomaban atención. Sin embargo, uno de ellos, sin parpadear un solo instante, oía cada palabra de lo que decía su maestra. Al comenzar el recreo, se acercó a hacerle una pregunta.
Antonio: Maestra, ¿Qué le sucede?
Marilia: Nada importante. Solo me puse a pensar un poco en el pasado, en lo que les hable durante la clase.
Antonio: ¿Sobre la chica que murió?
Marilia: Sí, Antonio. Ella fue mi compañera de estudios. Según lo que me han contado, Violeta murió por decisión propia. Hasta ahora no entiendo lo que quisieron decir con eso, pero su muerte no fue un accidente.
Antonio: ¿Dijo usted que ella se llamaba Violeta Espinoza?
Marilia: Así es. ¿Por qué lo preguntas?
Antonio: ¿Usted ha estudiado con la señorita Violeta en el colegio?
Marilia: Por supuesto, Antonio. ¿La conociste alguna vez?
Antonio: Mmm…, bueno, solo una vez en mi vida conocí un ángel con ese nombre.
Marilia: ¿Un ángel?
Antonio: Es una forma de decirlo. Ella fue quien una vez me salvó la vida.
Marilia: ¿Te salvó la vida? ¿Cómo así?, explícame, por favor.
Antonio: Está bien, se lo diré. Cuando yo tenía cinco años, vivía en un orfanato, antes de que me adoptaran. Un día un grupo de médicos me llevó con engaños, luego supe que me iban a inyectar una enfermedad. Yo iba a ser el sujeto con el que iban a experimentar. Luego llegó ella, se ofreció para el experimento, salvándome la vida. Se sacrificó para salvarme. Ella es mi ángel de la guarda.
Marilia: Así que Violeta se contagió intencionalmente de aquella epidemia. Nunca llegue a saber eso. Vaya que es una heroína. Por eso debemos recordarla con mucho respeto.
Antonio: ¿Y cómo era ella? ¿Siempre ha sido así de buena?
Marilia: Sí, así es. Solía ayudar a los alumnos que teníamos problemas, generalmente en matemáticas y ortografía. Ella era muy hábil con las matemáticas. Un día, en medio de una clase de religión, habló algo que yo no entendí en ese momento. La maestra le dijo que hablaría con ella aparte, seguro esas palabras tuvieron un significado oculto. Muchos chicos, en vez de ponerle atención, se burlaron de ella en ese momento. Ni siquiera hacían un esfuerzo por entenderla. Según lo que me dijeron, aquellas eran las mismas palabras que dijo antes de morir. Lo que dijo fue lo siguiente:
“Maestra, la vida eterna si existe. De hecho, la vida terrenal es algo fugaz. Si alguien cree que lo que hay luego de la muerte es una mentira está equivocado. Lo que es una verdadera mentira es la vida que estamos viviendo ahora. Para que esa mentira se vuelva realidad tenemos que dejar huella, y hacer algo grandioso”
Y en verdad, hizo algo grandioso. No se podría decir que vivió en vano. En sus veinte años hizo lo que muchas personas no llegan a hacer hasta los sesenta o setenta. Y eso que tuvo cinco años menos, debido a su estado de coma.
Antonio: ¿Qué? ¿Violeta estuvo en coma?
Marilia: Así es. Todo fue ocasionado por un accidente.
Antonio: ¿Y hubo un culpable?
Marilia: Por supuesto. Justamente el culpable fue un chico que también estudiaba en la misma aula. Él ahora está muerto. Según cuentan sus padres, se suicidó. A partir de aquel accidente ya nada fue igual, Roger no soportó la culpa.
Antonio: ¿Y cómo sucedió? Dígame maestra.
Marilia: Violeta era una chica poco sociable. Los chicos solían burlarse de ella, no la entendían. La verdad yo tampoco, pero a mí me caía bien. Había un chico en la escuela, Roger. Él siempre la miraba en silencio. Luego me enteré de que se sentía atraído por ella. Poco a poco fue haciéndose su amigo, hasta que de pronto ella se enojó con él, por algo malo que le hizo. Roger quería recuperarla, así que habló con su mejor amiga y le pidió ayuda para ejecutar un plan. Ambas chicas fueron a la azotea del colegio, con el pretexto de observar flores de un jardín cercano, pero luego Violeta fue abandonada y Roger se aprovechó. Él tenía malas intenciones, pero la amiga de Violeta no lo sabía. De haber conocido eso, jamás hubiera colaborado con su plan. Pocos minutos después, Violeta cayó al piso del patio. Se había roto la cabeza y muchos huesos. En ese momento la llevaron de emergencia al hospital. Luego informaron que estuvo en coma. Su amiga sufrió mucho con lo sucedido. Sintió una enorme alegría cuando se enteró que Violeta se había recuperado. También estuvo presente en su funeral, y ahora ella se dedica a la docencia. Es profesora de comunicación integral y ahora está hablando contigo.
Antonio: Entonces, esa chica, la mejor amiga de Violeta, ¿Era usted?
Marilia: Sí, Antonio. Era yo.
En ese momento, Marilia supo algo más sobre la vida de quien fue su mejor amiga. Además, estaba surgiendo una hermosa amistad entre ella y uno de sus alumnos, y eso le hacía sentir muy bien.
Al otro día fue la fecha de entrega de notas de matemáticas. Antonio se encontraba bien, pero sus compañeros al parecer le tenían envidia. Cuando había sido el examen, le pidieron que les “soplara”, y el no aceptó. Él dijo que solo estaba dispuesto a ayudarlos a estudiar, sin recurrir a lo ilegal. Ese día, entre todos sus malvados compañeros le dieron una fuerte golpiza. Incluso le hicieron llorar.
A espaldas de los salones del otro pabellón había un angosto pasillo. Antonio fue a esconderse allí para que sus compañeros no lo vieran. Decidió no entrar a clase. Mientras lloraba solo, sintió la presencia de alguien.
- Hola, ¿Qué sucede?
Antonio: ¿Quién eres?, o mejor dicho, ¿Qué eres?
- ¿Ya no me reconoces? ¡Soy yo, Violeta!
Antonio: No es cierto. Violeta no era una niña. Yo la conocí en persona.
Violeta: Es mi alma la que se ve así. No te dejes engañar, soy yo. Fui una niña de doce años antes de tener mi primer encuentro con la muerte, antes de caer en coma.
Antonio: ¿En realidad fuiste una niña de doce años todo el tiempo? ¿Jamás tu alma creció?
Violeta: Si, creo que así fue. Algunas veces, tu cuerpo crece pero tu alma no. Es difícil cuando sucede, porque aparentas algo que no eres.
Antonio: ¿Entonces? ¿Cómo es que puedes comunicarte conmigo? ¿No deberías haber muerto hace varios años?
Violeta: (sonriendo) Bueno, diríase que de vez en cuando puedo aparecer. ¿Sabías que la frontera entre la vida y la muerte es más fácil de cruzar de lo que imaginas?
Antonio: La profesora Marilia me contó todo acerca de ti. Es un milagro que despertaras del coma. Y sólo para salvar a la humanidad de esa enfermedad. Muchas gracias, Violeta.
Violeta: No hay nada que agradecer, era mi misión. Ahora dime, ¿Qué es lo que ocurre?
Antonio: Nada, no te preocupes.
Violeta: Pude verlo todo. Si no me lo dices, no te forzaré. ¿Sabías también que en el otro mundo hay un lago, y que en sus aguas reflejadas se puede ver todo lo que sucede en la Tierra?
Antonio: ¡Vaya!, supongo que no hará falta que te diga nada. Violeta, me siento solo en el mundo. Siento como si nadie me comprendiera. Así te sentías tú también, según me dijo la profesora. Puedes comprenderme.
Violeta: Sí, así fue. Pero no te preocupes, solo recuerda esto. No estás solo, tienes a tu propio mundo. Si él no se manifiesta, pronto lo conocerás. Hay un País de las Maravillas que está dentro de ti, que tú mismo has creado. Hay personas que son producto de tu creación, y para ellos eres su dios. No te sientas triste, porque todos ellos están contigo.
Antonio: ¿En serio? ¿Eso es verdad?
Violeta: Por supuesto. Allí conocí a mi mejor amigo. Tú también conocerás muchas personas en tu mundo. Cada quién tiene el suyo.
Antonio: Gracias por decirme esas palabras, las necesitaba. Ya no me siento solo, muchas gracias.
Violeta: No hay de qué. ¡Adiós!
Violeta se desvaneció en el aire. Se había convertido en un ángel. Luego fue de regreso a su mundo. Como lo predijo sucedió, fue feliz para siempre. Iba todos los días a volar detrás de las colinas, y cada día encontraba flores de diferentes tipos, pero lo que nunca faltaban eran aquellas violetas, que decoraban el paisaje. Ella vivía en aquella pequeña aldea, donde había muchas personas, producto de su creación. Todos se sentía felices de tener a su diosa junto a ellos. Nombraron a Endor Sumo Sacerdote. Era la persona más indicada, debido a la cercanía que tenía hacia Violeta. Ambos fueron felices para siempre. Sería una necedad decir que jamás envejecieron. Al comienzo, Violeta creyó que vivir en un mundo así iba a ser muy aburrido por toda la eternidad. Pero luego se dio cuenta que en aquel mundo no existía nada que fuera malo, ni siquiera el aburrimiento, que es el que inclina a las personas a cometer muchos de los delitos que afectan a toda la humanidad.
De vez en cuando se aparecía en el mundo terrenal. Cuentan que, a partir de entonces, cada vez que un alumno de aquel colegio se sentía solo y afligido, ella se aparecía frente a él.
Esta historia fue narrada por aquel niño, que luego de recolectar información de su maestra, del diario que Violeta dejo en la Tierra, y de experiencias contadas luego de apariciones póstumas, pudo realizar esto.
Esta demás decir que Violeta no volvió a sentirse incomprendida durante toda la eternidad. Siempre estaba junto a su eterno compañero, Endor. En cuanto a Marilia, disfrutaba mucho de su trabajo en la Tierra, pero de vez en cuando solía oír voces del mas allá. No le causaba pánico, por el contrario, le llenaba de paz y armonía. Es más, cada vez que escuchaba algo procedente de otro mundo, se sentía más cerca a su mejor amiga, Violeta. Sentía su presencia, sentía que ella estaba allí, acompañándola.
¿Y qué paso con el alma de Roger? Luego de arrepentirse de lo que hizo con Violeta, y de estar dispuesto a entregar su alma por el bienestar de las personas, su alma había sido perdonada. Llegó a conocer su propio País de las Maravillas, donde conoció lugares fantásticos y amigos maravillosos que lo acompañarían por toda la eternidad.