A lo lejos, una sombra se movía rápidamente entre los árboles. A lo mejor buscaba algo. Quienquiera que haya sido, al darse cuenta que Violeta estaba allí, no hizo otra cosa más que observarla. Probablemente le llamo la atención ver a alguien diferente por aquel lugar.

- ¿Quién será ella?, nunca la había visto antes por aquí. Quienquiera que sea, es preciosa. Pero parece que estuviera confundida. Me pregunto para que me han dicho que venga hasta aquí, solo recuerdo que una vez me dijeron que nuestro dios iba a llegar a este mundo en estas temporadas. Lo que sí me dijeron es que esta era una misión importante. Tal vez ella pueda decirme algo sobre eso.

Era un chico, de unos trece años más o menos; bueno, aparentaba esa edad cronológica en la Tierra. Se acercó a Violeta, iba a hablar con ella y a preguntarle si sabía algo sobre el dios de aquel extraño mundo.

- Hola, ¿Quién eres?

Violeta: ¿Quién eres tú? ¿Podrías decirme dónde estoy? ¿Qué clase de lugar es este?

- Un momento, ¿De dónde vienes tú?

Violeta: Supongo que este lugar es el cielo, pero ¿Quién eres? ¿Acaso eres un ángel? ¿O también acabas de morir?

- ¿Morir? ¿De qué hablas? Aquí nadie puede morir.

Violeta: Al parecer yo acabo de morir. Vengo de la Tierra, y tuve un accidente antes de llegar aquí. Dime ¿Es esto el paraíso?

- (tartamudeando) Entonces vienes de ese mundo que se ve a través del lago. Esto no puede ser posible. Según lo que siempre he sabido y me dijeron hace mucho tiempo, solo hay un ser capaz de venir a este mundo sin pertenecer a él, y ese ser es…. ¡Nuestro dios!

Violeta: ¿Quién es su dios? ¿Es este otro universo? Yo solo sé que existe un dios, nuestro señor…

Aquel chico, arrodillándose frente a Violeta, le dijo como dirigiéndose a una gran autoridad: “Jamás creí que una jovencita como tú iba a ser el dios de nuestro mundo, esto es en verdad maravilloso. Soy el primer afortunado que puede ver a Dios frente a sus ojos. Mi nombre es Endor, gusto en conocerla, mi diosa”

Violeta: (avergonzada) No entiendo de que estas hablando. Mi nombre es Violeta, llámame así por favor. Y no te dirijas a mí como si fuera una autoridad, solo soy una chica de doce años.

Endor: (sorprendido) Esto es fantástico. Hay tantas cosas que quisiera preguntarte. No lo puedo creer. Soy el chico con más suerte en todo el País de las Maravillas. Esta es la misión más asombrosa y emocionante que podría tener un ser como yo.

Violeta: ¿Misión? ¿De qué hablas?

Endor: Soy un vigía, uno de tantos que velan por la seguridad del País de las Maravillas. Hasta ahora no entiendo por qué, pero me encomendaron justo a mí la misión de venir a recibir al dios de nuestro mundo. Llego aquí y te encuentro a ti. ¡Dime si acaso no es fantástico!

Violeta: ¿Y qué es eso que llamas “El País de las Maravillas”?

Endor: Es nuestro mundo, el mundo que tú has creado, tu mundo. Allí vivo yo junto con todos mis amigos, los que habitamos ese maravilloso lugar. Es un lugar lleno de magia y armonía.

Violeta: Es fantástico. Debe ser como el paraíso.

Endor: Tienes razón, Violeta. Y fuiste tú la que lo creaste, mi diosa. Lo has creado a lo largo de toda tu vida, incluyéndonos a los que lo habitamos, y a mí. Por el estado de aquel mundo es que puedo saber que tu alma está llena de pureza y amor, al parecer no conoces el pecado.

Violeta: Tampoco es para tanto. Soy un ser humano como cualquiera. No tengo nada de especial, y seguro debo tener algunos pecados.

Endor: Si los tienes, son mínimos. Debe ser por ello que de vez en cuando llega la noche y llueve, en ocasiones.

Violeta: Supongo que sí.

Endor: ¿Y cómo es tu mundo? ¿Cómo se llama?

Violeta: Yo vengo de la Tierra, allí las cosas son diferentes. También hay cosas muy bellas allí, pero también existe el pecado y el mal. Hay mucha gente que solo busca su propio beneficio, sin tener en cuenta el daño que les hacen a los demás. A veces creo que todos son así, espero equivocarme.

Endor: Vaya que lo sé. Desde el País de las Maravillas se pueden ver muchas cosas de lo que sucede en la Tierra. Allí si existe la muerte, y se ve mucha destrucción, pero también se ven cosas muy bellas.

Violeta: Así es, todo eso es la creación de nuestro Dios, el dios de mi mundo, la Tierra.

Endor: Vaya, eso es fantástico. ¿Y dime, alguna vez has visto al dios de tu mundo, en persona?

Violeta: No, nunca nadie lo ha visto. Cuentan que hace mucho tiempo él se reencarno en un hijo, que envió a la Tierra. Jesús era su nombre. Esa fue la única oportunidad que tuvieron los seres humanos para conocer a Dios de cerca. En mis épocas jamás sucedió eso. Según lo que dicen, él debe estar en algún lejano lugar, observándonos y diciéndonos que nos ama.

Endor: Que profundo mensaje. Supongo que tú amaras a toda tu creación.

Violeta: Hasta ahora no acepto eso de que puedo ser la diosa de un mundo que ni siquiera conozco. No estoy preparada para serlo, no tengo la suficiente capacidad.

Endor: No tienes por qué sentirte menos. Hasta ahora no comprendes lo fantástica que eres. ¿Nunca nadie te dijo eso?

Violeta: Bueno, alguien si me lo dijo. Pero preferiría olvidarlo. Aquella persona solo buscaba su propio beneficio, es un ser muy impuro y pecador. Preferiría no recordarlo otra vez.

Endor: Esta bien, Violeta. Ahora dejemos de hablar y acompáñame, tienes que venir conmigo. Hay un mundo maravilloso que debes conocer, un paraíso que te espera. Es hora de que lo conozcas, tu propio mundo.

Violeta: Esto es increíble. Llévame, por favor. Quiero conocer ese mundo del cual tanto hablas.

Endor: Está bien, sígueme.

Ambos chicos se dirigían al mundo más maravilloso que alguien haya visto jamás. Pero el trayecto para llegar era algo largo. Escondidos en medio del bosque, comenzaron su ruta. Poco después avistaron el mar. Bueno, este era un mar diferente. Sus aguas eran puras y cristalinas, que chispeaban gotas doradas en cada choque de las olas con la orilla. La marea iba en aumento conforme los jóvenes seguían un camino en pendiente hacia arriba. El ambiente cada vez iba adquiriendo un aspecto mágico. Se sentía un aura extraña y un campo de energía totalmente diferente al que había en la Tierra. El camino siguió, hasta que llegaron a un punto en el que ya no podían llegar caminando.

- Violeta, ¿sabes volar?

Violeta: ¿Cómo podría hacerlo?, soy humana.

- Este es tu mundo, así que aquí si puedes volar. Te enseñare como. Solo cierra los ojos e imagina que flotas en el aire.

Endor comenzó a suspenderse en el aire luego de decirle eso a Violeta.

Violeta: Lo intentaré.

Luego de esto, Violeta consiguió hacer lo mismo. En menos de lo que imaginó, estaba suspendida en el aire.

Violeta: Pude hacerlo.

Endor: Lo lograste.

Juntos los jóvenes emprendieron su vuelo. En el camino encontraron cosas fantásticas. Hadas voladoras, estrellas fugaces, libélulas de distintos colores y muchos más seres “irreales” pululaban por el lugar. Violeta se quedó asombrada al ver la belleza del cielo nocturno en aquel lugar, lleno de bellísimas estrellas. Aquella vista panorámica inspiraba armonía y paz. Era todo tan lleno de magia y fantasía.

Endor: Ya acabamos de llegar. Abre los ojos y sorpréndete. Estamos justo aquí, en El País de las Maravillas.

Violeta miró asombrada el maravilloso mundo que estaba frente a sus ojos. Jamás había visto tanta belleza en un lugar. Seres mágicos y fantásticos, flores bellísimas, manantiales llenos de pureza, árboles con frutos nunca antes vistos, ero muy coloridos y hermosos. Esto y más fue lo que se veía en aquel lugar.

Poco después se asomó a un abismo, y desde allí observo lo que había abajo. Se veía el mar desde una altura increíble. Las olas reventaron con una enorme fuerza contra un peñasco. Justo después, Violeta le habló a Endor sobre algo que le preocupaba.

Violeta: Quiero ver a mi familia, como están ahora que saben que estoy prácticamente muerta.

Endor: Te llevaré al lago Oreda, allí la verás. No te preocupes, todo estará bien.

Violeta: Esta bien.

Se acercaron a un lago, en cuyas aguas se reflejaba todo lo que ocurría en la Tierra. Al asomarse, Violeta se quedó pasmada al ver lo que sucedía. Su madre estaba al pie de su lecho, llorando desconsoladamente y sin esperanza. Su hermano estaba junto a ella, muy asustado. Ella estaba allí, yacía inconsciente en un hospital.

Violeta: Yo no quiero esto. Deseo regresar a la Tierra.

Endor: ¡No, Violeta! ¡No te puedes ir! Este es un mundo maravilloso, es aquí donde te corresponde estar. No te vayas, por favor.

Violeta: No quiero que mi familia sufra por mí, así que quiero regresar.

Endor: Has sufrido mucho todos estos años, ahora mereces vivir en un paraíso como este. Además, podrás regresar luego, después de todo, no estás muerta.

Violeta: Esta bien. Me quedaré. Lo haré solo porque tú me lo pides.

Endor: Perfecto. ¿Vamos a volar a las colinas?

Violeta: Fantástico.

Aquellas eran las colinas más bellas que Violeta había visto en su vida. Estaban llenas de una vegetación maravillosa, y de las flores más hermosas que se hayan podido ver. En el aire se percibían chispas de polvo estelar que brillaban. Eran doradas y plateadas, y le daban un aspecto mágico al lugar. Violeta y Endor revoloteaban sin parar, haciendo piruetas muy graciosas en el aire. Violeta nunca se había sentido tan feliz en su vida. Aquello era en verdad mucho mejor de lo que ella había imaginado como “el cielo”. Volaban tan alto que se divisaban entre las nubes.

Pasearon por distintos rincones de aquel maravilloso mundo, hasta que decidieron ir a una casa en medio de aquel paisaje. Al parecer no había nadie, solo se veían vacíos una sala, unos pasadizos y un dormitorio. Al pasar por una puerta en la habitación, se llegaba a una especie de balcón grande, en el que estaban los dos chicos sentados en una mesa, disfrutando de una merienda que constaba únicamente de frutas. Eran en realidad exquisitas. Los rayos de luz del sol que llegaban al lugar eran de un color dorado que no se podía ver en ningún lugar de la Tierra. El balcón daba vista a un manantial de agua muy pura, alrededor de la cual revoloteaban hermosas aves, que parecían ángeles, y unas especies de hadas muy pequeñas y curiosas. Aquel era, sin lugar a dudas, un lugar celestial.