Aquel día, el que siguió a esa terrorífica noche, en aquel mundo maravilloso, estaban Endor y Violeta bañándose en el río, disfrutando del agua pura del paraíso. Era como el agua de un manantial. Luego de bañarse se secaron con la luz del sol.
Endor: Violeta, ¿Te gustaría si vamos al pueblo? Estoy seguro que todos querrán conocerte. Se sentirán honrados al ver que la misma diosa va a saludarlos.
Violeta: Por supuesto. ¿Cuánta gente vive en este mundo?
Endor: No somos demasiados en comparación con la Tierra, pero si los suficientes como para darte una gran bienvenida.
Violeta: Entonces llévame, quiero conocerlos.
Endor: A la orden.
Ambos chicos fueron hacia el pueblo. Cruzaron los ríos, las colinas y los valles. Llegaron a una pequeña villa, en medio del bosque. Las viviendas eran naturales y algo rusticas. Las personas eran como los terrícolas, solo que vestidos de una manera extraña, como Endor.
- Hola, Endor. No vienes desde hace días. ¿Qué paso, eh? ¿Tan difícil fue cumplir tu misión?
Endor: Hola, Soren. Estuve varios días en el bosque. En realidad, fue la misión más maravillosa que se me ha encargado.
- Vaya, quien como tú. ¿Y quién es esta señorita?
Endor: Tengo el agrado de presentarte a la diosa de nuestro mundo. Soren, te presento a Violeta. Violeta, te presento a Soren, un viejo amigo mío.
- ¿A qué te refieres con la diosa de este mundo?
Endor: Si, ha llegado el momento. Ella al fin ha llegado.
- ¿Ella? Increíble. Pero yo creí que dios iba a ser un anciano o una persona así. ¿Estás seguro que es ella?
Endor: Viene del planeta Tierra, el que se puede ver desde el lago Oreda. Sin duda es nuestro dios.
- (de rodillas) Pues, si es así, sea usted bienvenida, mi diosa. Disculpe por haber dudado de su divinidad, por favor. He aquí su humilde servidor.
Violeta: Por favor, no me hables así. Me encantaría que me hablaras como a una persona normal, no como a tu dios.
- Está bien, lo siento.
Endor: (riendo) Ella es así, siempre tan modesta.
Violeta: Gusto en conocerte, Soren.
Soren: (susurrándole al oído a Endor) Oye, es muy bonita. Creo que allí tienes una oportunidad, amigo.
Endor: (sonrojándose y agachando la cabeza) ¡Que te pasa! ¿Estás loco? ¿No te das cuenta de que es nuestra diosa? ¡Más respeto!
Violeta: ¿Sucede algo?
Endor: No, nada. Vamos a anunciarles a todos tu llegada.
Mientras tanto, en la Tierra, los familiares de Violeta seguían inmersos en aquel dolor y envueltos en una incertidumbre.
Elvira: Pablo, hijo, necesito hablar contigo. Es algo importante.
Pablo: Si, mamá. Te escucho.
Elvira: Hay algo que tengo que decirte. Escucha, yo no quise gritarte de ese modo aquel día. Supongo que dijiste eso en respuesta a lo que te conté acerca de tu hermana. Debí suponer que reaccionarias así, eres solo un jovenzuelo. Lo siento, hijo. Perdóname.
Pablo: No te preocupes, mamá. Siento haber dicho esas cosas sobre Violeta. Supongo que yo también debí comprenderte. La amabas mucho, y debí suponer que no te agradaría la idea de no volverla a ver. Discúlpame.
Elvira: Esta bien, hijo. ¿Qué te parece si vamos a misa, a rezar por su alma y por su vida? Ella lo necesita.
Pablo: Seria una gran idea. Iremos entonces.
Elvira: Pablo, tengo miedo. ¿Y si ella no regresa? ¿Y si esto significa el final de su corta vida?
Pablo: Madre, Dios no la va a desamparar. Solo debemos tener mucha fe. Ella regresara. Lo prometo.
En el hospital, Violeta se encontraba inconsciente. Cada vez que se le realizaban pruebas para ver si presentaba reflejos, no manifestaba ninguno. Todo esto cambio durante un solo momento, en el cual Violeta tuvo una respuesta de reflejo pupilar, al abrírsele los ojos intencionalmente. Además, durante un instante ella fue capaz de vocalizar una palabra, silabeándola.
- ¡Dios mío! ¡Creo que está reaccionando!
- No puede ser ¿Acaso esta…despertando?
Violeta, en medio de varios intentos fallidos de producir sonidos, logró decir algo: En – dor, án – gel. Inmediatamente luego de ello se quedó inconsciente otra vez. Los médicos prefirieron no decir nada de lo sucedido a los parientes de la joven, para no alterar su estado de ánimo ni darles falsas esperanzas.
- ¡Qué extraño! ¿Por qué ocurrió eso? Despertó solo durante segundos.
- ¿Qué fue lo que dijo? No lo entendí.
- Solo escuche que dijo “Endor, ángel”. ¿Qué es eso?
- ¿O quién es? Tal vez dijo el nombre de su ángel de la guarda.
- ¿Quieres decir que ella está en el cielo, hablando con su ángel guardián?
- Nada de eso es verdad. Los ángeles no existen. Seguro está sufriendo daños cerebrales y sus pensamientos se están alterando.
- O quizás no sea nada patológico. Tal vez solo está soñando.
- Eso sí podría ser.
- No lo sé exactamente, pero estas palabras ocultan un gran significado.
- El más allá. Increíble.
Regresando al País de las Maravillas, estaba a punto de ocurrir un gran evento. Convocaron a una reunión en la entrada de la ciudad a todos los habitantes de aquel mundo. Era del tamaño de un pueblo, las personas eran muy buenas y maravillosas. Vestían ropas muy extrañas, parecían de otro planeta. Todos ellos estaban muy contentos de darle la bienvenida a un ser tan especial.
Endor: Atención a todos, atentos. Estamos aquí reunidos para darle una calurosa bienvenida a un ser muy especial. Tengo el agrado de comunicarles que lleve a cabo mi misión encomendada, la más importante de todas. Dios está aquí presente, en nuestro mundo. Ella está ahora entre nosotros. Conozcan a Violeta, la diosa de este mundo.
Luego de decir esto, presento a Violeta. Todos se quedaron mirándola, lo cual la puso muy incómoda. Ella les dio un saludo a todos y luego les dirigió algunas palabras:
Violeta: Hola a todos. En primer lugar, les quería agradecer por esta bienvenida, en realidad no me la esperaba. Son ustedes muy gentiles, y les agradezco por ello. En segundo lugar, necesito decirles que jamás creí que era ningún dios, y que tenía a un mundo que me correspondía. Esta noticia me llevo de sorpresa. Sin embargo, si hay algo en lo que tenga que ayudarlos como un dios, no duden en pedírmelo. Les ayudare en lo que necesiten. En tercer lugar, solo quiero pedirles que sean buenas personas, que respeten al prójimo sobre todas las cosas y nunca traten de hacer daño a los demás. Muchas gracias.
Todos aplaudieron a Violeta, al parecer estaban muy emocionados de que un ser tan importante estuviera tan cerca de ellos y les estuviera hablando.
- Es fantástica, y se ve tan joven.
- Yo no creí que ella era nuestra diosa, hasta que la escuche hablar.
- Y además de eso es muy bonita, es como de la edad de Endor.
- ¿Edad?, ese término solo existe en la Tierra, el mundo del que viene nuestra diosa. Aquí nadie tiene edad, el tiempo no transcurre y las personas no crecemos ni envejecemos.
- Me refería a la apariencia, nada más.
Momentos después, ya habiendo terminado el discurso, Endor llevo a Violeta a un pequeño bosque donde había pinos y abetos. Hablaron acerca de la vida en aquel nuevo y maravilloso mundo.
Violeta: ¿Cómo es el tiempo aquí? ¿Transcurre igual que en la Tierra?
Endor: No es así. En la Tierra existe noche todos los días, y la gente se cansa tanto de la vida en su planeta que necesita dormir la tercera parte de su vida. Todos están semimuertos, la vida eterna no existe en tu mundo. Aquí la gente no necesita dormir, se siente tan bien vivir y no nos cansamos de ello. Aquí la vida eterna si existe. El tiempo no pasa. Nadie de nosotros crece o se vuelve anciano y muere. Esta vida no es transitoria, es eterna.
Violeta: No quisiera contradecirte, pero, no sería eso un poco aburrido? Vivir para siempre y que la vida no tenga sobresaltos.
Endor: Aquí no existe el aburrimiento. Si existiera, también existiría la maldad. Pero como dentro de tu alma existe solo una mínima cantidad de ella, si es que no es nula, no se suele manifestar aquí. Solo cuando te sientes triste, asustada o enojada, este mundo se altera y la gente se siente muy insegura. Todo depende de ti.
Violeta: No lo entiendo. Me es difícil aceptar que existe un mundo tan lleno de fantasía y paz, y no haya maldad. Y sobre todo, que ese mundo sea mío, esto es totalmente increíble. En la Tierra, la gente tenía que luchar para vivir. Teníamos necesidades, como la alimentación o el sueño. Esas necesidades nos impulsaban a luchar, y en ocasiones, a hacer daño. Aquí no hay eso, aquí solo hay paz.
Endor: ¿Sabes qué?, estoy comenzando a sacar una conclusión. Creo que tú eres mejor dios que el dios de tu planeta.
Violeta: No hables así de nuestro Dios, bueno, mi Dios. El solo quiere que haya armonía y paz en el mundo. Para que borremos nuestros pecados envió a su hijo a morir para llevarnos a todos a la vida eterna. Yo no sería un mejor dios. Respeto muchísimo su nombre.
Endor: Pues ese dios al que tanto respetas no sabe cómo hacer que un mundo viva en paz. Al darles necesidades como esas a las personas solo logra que se vuelvan pecadoras y hagan daño.
Violeta: Eso no es culpa de Dios. Existe también el espíritu del mal, que acechó a la Tierra desde que la vida apareció. Los primero hombres que aparecieron se dejaron llevar por el mal y apareció el pecado.
Endor: Bueno, si tú lo quieres tomar así, está bien. Pero solo te digo una cosa, eres mucho más increíble y maravillosa de lo que te imaginas. Con el tiempo lo descubrirás.
Y así, el tiempo pasó. Violeta iba aprendiendo muchas cosas nuevas todos los días. Ella había perdido la noción del tiempo, pero disfrutaba estudiando tranquilamente y sin prisa, todo lo que en la Tierra lo hubiera aprendido de forma desesperada. El lago Oreda se convirtió en su principal fuente del saber, y con la ayuda de Endor y las demás personas que vivían en aquel mundo, logro instruirse tan igual, o incluso mejor de lo que hubiera hecho en su planeta de origen.
Mientras tanto, en la Tierra, el tiempo no dejaba de correr. Los compañeros y familiares de Violeta seguían creciendo, al igual que ella, solo que no lo notaba. En el País de las Maravillas, el tiempo era algo que no se podía predecir. No se podía manifestar de ninguna forma. Las personas no envejecían ni morían. Ni siquiera existía el día o la noche. Todo era tan tranquilo y lleno de magia.
Sin embargo, en la Tierra sucedían muchas cosas, tales como las que ocurren cotidianamente y son publicadas en los noticieros o periódicos. Las personas nacían, morían, crecían y envejecían. Todo parecía ser tan rápido.
Todo transcurría normalmente. Incluso el organismo de Violeta estaba cambiando, lo cual iba alterando sus funciones corporales. El tiempo pasaba y no se percibía, pero llegado un momento determinado, en un hospital de la ciudad de Trujillo, algo pasó.
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